miércoles, 13 de diciembre de 2017

Historia Olvidada ~

Recuerdos perdidos.
Cómo fotografías.
Un espejo.
Mi mirada reflejada.
Colores que no son los míos.
Lágrimas.
Impotencia...

¿Fué mi culpa?

Odio.
Desprecio.
Gritos.
Dolor arraigado.
Sangre.
Tus manos.
Me falta el aire.

¿Alguna vez te han asfixiado?

Una sala.
Frío.
La puerta está abierta.
Puedo ver la sala de enfrente.
Sangre.
Manos.
Miedo.
Me falta el aire.
Pero esta vez es el pánico.
No tus manos.

Párpados pesados.
Frío.
Algo me congela las venas.
Sangre.
Mucha sangre.
El ploc ploc del caer en un recipiente.

¿Podría haber hecho algo?

Luz cálida.
Lo puedo sentir,
al vacío.

Despertar.
Abandono.
Dolor.
Rabia.
Lágrimas.
Impotencia.
Vacío.

...¿Libertad?

domingo, 12 de noviembre de 2017

Deseo | Diarios de una Drakaina

Húmedo. Caliente...

Demoró más de lo normal en aceptar que el mundo se movía por el deseo, y que el dinero era la moneda de cambio la mayoría de las veces. En el mundo de los hombres, ella no era más que una plebeya. Aunque en el suyo, con sus habilidades, era de las criaturas más poderosas que existían.

Imaginó, fantaseó con que sucedía; principalmente con quién.

El deseo lo movía todo. La comodidad, la necesidad constante de nuevas posesiones, la sed de conocimientos; incluso el amor y el arte. Todo empieza por un caballo desenfrenado llamado deseo. Todo comienza en ese momento, con el corazón latiendo más rápido, y nuestra mente empezando a desarrollar todo tipo de planes para cumplir esas ansias. La drakaina lo estaba viviendo. El problema es que no le resultaba fácil controlar la sangre de dragón hirviendo por sus venas.

Sus manos se movían a un ritmo perfecto. ¿Cómo no iban a hacerlo si se deslizaban sobre su propio cuerpo?

Cuando se trata de dragones y drakainas, el deseo es un paso casi inexistente. Para estas criaturas, cualquier cosa (o persona incluso) que quisieran, era posesión al momento. Nada hace esperar a los hijos del fuego; nada ni nadie. Es por esto que vivir entre humanos era todo un desafío para ella. Si quería sobrevivir, debía aprender a vivir del deseo como todos ellos. El deseo como motor de cada día. El deseo que nunca termina.

Sentía como comenzaba a arder. Cómo se liberaba.

La drakaina era casi humana la mayor parte del tiempo. Pero cuando estaba sola dejaba salir todo su fuego. Su antecesora Melusina lo hacía los sábados, ella los domingos. Deambulaba libre de todas sus ataduras mundanas, y dejaba que su piel rozara el aire que la rodeaba. A cada paso dejaba su huella, quemada en el suelo; como tatuajes en la tierra, llenos de poder y determinación.

Su respiración se detuvo. Dejó escapar un pequeño gemido. Su cuerpo totalmente en tensión, se relajó y se dejó vencer por la nueva calma.

Desnuda frente al espejo se sonrió. La drakaina había entendido como funcionaba todo. Sus deseos; desde los más superfluos a los más profundos y escondidos; le daban poder entre los humanos. Sabía como usarlo. La mayoría no pueden conseguir lo que anhela porque se ahoga en llantos y lamentos. No era su caso. Viviría como una mujer normal pero no lo era. No había vuelto para ser una pueblerina mediocre. Había vuelto para conquistarlo todo; y lo haría. 

Pero todo...¿qué es todo? No puedo contarles todo lo que desea la drakaina, perdería su misterio. ¿Y qué es de un ser fantástico sin su misterio? Nada.



-¿Cuál es tu vocación?
...
-¡Entonces eres una artista!


domingo, 5 de noviembre de 2017

El Regreso | Diarios de una Drakaina

Tras un breve pero largo exilio, a una de las grandes ciudades de ese medioevo mágico en el que vivía; la drakaina decidió regresar. Había escapado de sus problemas, creyendo que escondida entre el hedor a humanidad y las eternas borracheras que ofrecía la ciudad, podría olvidar.

- Todo lo que has vivido te hace la mujer que eres hoy...
Esas fueron las palabras de su amiga vidente. Aún viviendo en dimensiones diferentes, buscaban la manera de comunicarse y confortarse el alma la una a la otra. Muchas veces este, era su único contacto con la humanidad. Aún mezclada entre ellos, trabajando como uno más, era como si no estuviera allí. Estaba sonriendo y danzando como siempre, pero era más ausencia que realidad.

Fue entonces que decidió regresar. Se miró al espejo, pudo ver que aún había fuego en su mirada; y una vez más se armó de voluntad para volver a elegir, para volver a tomar las riendas de su incierto destino. ¿Por qué allí, cuando podría tener el mundo a sus pies? Porque esas calles, desde la primera vez que las caminó, se sintió como hogar

Si quería regresar y pasar por uno más, debía hacer todo con el tiempo humano. Negociar como ellos, ir de a poco. Cada semana viajaba, de la ciudad al pueblo para cumplir con su objetivo. Se volvía a mezclar entre sus habitantes, se reencontraba con amistades que había forjado antes de escapar. Si bien vestía su forma humana, no quería volver a perder su esencia, así que dejó pequeños detalles casi imperceptibles a una mirada no mágica. Si cualquier ser carente de magia posaba sin querer sus ojos en ella, podía ver como un fuego rosa, que la rodeaba como un aura, se desprendía de su piel. Si el sol se posaba sobre su cuerpo, también podía verse el reflejo de sus escamas, principalmente en su cuello. Pero nada de esto duraba más de un segundo. Ella se limitaba a sonreírte, y tú creías que era sólo producto de tu imaginación.

La drakaina no era el único ser mágico en el pueblo. Ellos se conocían, pero no se detectaban. Había confianza entre ellos. Siempre buscando la manera de hacerse sonreír. Quizá por esto es que no lograban descubrir la magia del otro, simplemente porque se mezclaban transformándose en una sola, sin siquiera ellos saberlo.

Él era un hechicero. Mitad humano, mitad demonio. A primera vista un humano medio orco de modales poco católicos. Para ella, ese amigo con el que no podía parar de reír ni un minuto.

En una de sus visitas, las cosas cambiaron. La drakaina no quería enamorarse, pero esa noche no pudo ser fría. El simplemente estaba encantador. Simplemente no podía pensar. Fue la primera vez que logró fluir. Él la tomó por la cintura y la besó. Fue automático. La magia de ambos se desató, el tiempo se detuvo por completo. La música enmudeció. Se miraron a los ojos y pudieron ver su esencia. Ella desvistió su forma humana y abrió sus alas. El se liberó de sus ataduras mortales y le mostró su forma demoníaca; y en medio de un rugido la volvió a besar.

- Soy raro.
- Yo también...

Y así es como esta nueva historia comenzó.


viernes, 19 de mayo de 2017

Nervios, maldita ansiedad!

Hoy estoy nerviosa.
Siento demasiadas cosas fuera de mi control.
Necesito llegar a casa y esconderme en la cama.
Hoy está siendo complicado, mi mente se quiere ir... y me está costando concentrarme.

S.O.S.

domingo, 14 de mayo de 2017

¿Por qué me borré de todo?

Hay cosas que no cooperan con la ansiedad. Las Redes Sociales son una de ellas. Aunque se permita bloquear a una persona, Facebook e Instagram no lo hacen del todo bien. ¿Tanto les cuesta a los jodidos poner 4 comentarios en vez de 5, cuando el quinto es de quién no querés saber nada?
Ya con el cerebro frito, y cayendo en la misma idiotez de no seguir con mi vida cómo a quién bloqueé; tomé la decisión que creo más acertada. Me borré de todo; de Facebook, de Instagram, de Twitter. Me molesta, porque a tantos kilómetros, era la única manera que tenía de seguir en contacto con algunas personas... pero mi salud mental está primero.

Este blog empezó de una manera muy distinta. En ese momento trataba de controlar mi ansiedad con distracciones, maquillajes, ropa, vídeos. Hoy estoy aquí, escribiendo a la nada, y al mismo tiempo a todo el mundo, lo que me pasa: Soy Mauge, no sé manejar mi ansiedad. Y esto es lo que Mauge Te Cuenta va a comenzar a ser. Nada más que yo, mano a mano con mis problemas y mis frustraciones.
Desde ayer, no más Redes Sociales hasta próximo aviso. A lo sumo, si me animo volveré a Twitter que es el menos nocivo. Pero ahora mismo nada. Tengo que centrarme en mí, y en mi casa.


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