martes, 10 de noviembre de 2015

Sr. Topo

Corría. Necesitaba encontrarla. Cuando vio sus escamas, ella se escapó de él como si fuera el mismísimo demonio. Hacía ya tiempo que la había perdido de vista pero sabía que tenía que ir en esa dirección. Todo en el bosque estaba a oscuras. A lo lejos podía escuchar a los osos. Mientras más se adentraba en la espesura, más nítido se hacía el único punto de luz hacía el que corría. Su respiración se volvía cada vez mas agitada mientras tropezaba con las raíces y los tupidos árboles le golpeaban. Parecía que nunca iba a encontrarla, aunque la luz era cada vez más poderosa. Entonces llegó a la cueva. Lo de adentro, de dónde salía la luz, parecía un torbellino rosa muy brillante. Era tan fuerte la luz, que se veía obligado a taparse la vista. Apenas podía divisar, entrecerrando sus ojos, como pequeñas hojas entre rosa y violeta brillante, flotaban en el aire. Estiró su brazo, y dejó que una de ellas se posara en su mano. Era una escama, como las que había visto en su cuello al besarla. Entonces reaccionó: ella estaba allí dentro. Sea lo que fuere que le estuviera sucediendo, él debía estar con ella. Comenzó a acercarse rápidamente, casi a ciegas, a la cueva. Y cuando puso el primer pie adentro todo se apagó. Un silencio absoluto sumió al bosque entero. De pronto, un chasquido rompió el dramático mutismo y mágicamente se encendió una antorcha contra la pared. Allí la vio. Tumbada en el suelo, desmayada. Corrió a tomarla entre sus brazos y comenzó a besarla como si fuera la primera y la última vez  al mismo tiempo. Ella abrió los ojos y estrechó fuertemente contra sí a ese hombre que la miraba en esos ojos color caramelo. Nunca había estado más feliz. Esa maldición que llevaba sobre sí, que la había vuelto una furiosa drakaina se había roto. Ahora sólo era una mujer, una mujer enamorada de su querido topo...

...

Estaba parada al borde de ese antiguo castillo. Se abrazó a si misma, y totalmente reconfortada, suspiró sabiendo que había vuelto a ser humana; mientras miraba al horizonte recordando como había comenzado todo.
Él era un constructor. No entendía como a alguien podía gustarle construir y medir cosas con lo divertido que era destruirlas y verlas arder. Tras una larga espera, se había plantado ante él y le dio el primer beso. Sonrió al recordarlo mientras acariciaba sus labios con su mano. Para ese entonces, ella ya sabía que él había caído en sus garras, pero también que ella había caído en las de él. Siempre la contemplaba con esa mirada tan cálida que la había hecho derretirse desde el primer día. Él era muy dulce y la besaba como si ella fuera lo más hermoso del mundo. Es que así es como él todo lo hacía: ni un solo beso que saliera de sus labios y que reposa en ella la hacía sentir distinto. Todos, llevaban el sello de que ella para él, era única. Y él lo era también para ella. No era un caballero ni un dragón. Era sólo un hombre, un topo. Él era un constructor; un guapo hombre trabajador, que había decidido que ella, humana o no, formara parte de su vida; y eso, era más que suficiente. Eso en realidad, lo era todo.


PH: VRSTKO

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