sábado, 12 de septiembre de 2015

El No Caballero | Diarios de una Drakaina

Llegó el día en que, en medio de ese medioevo mágico perdido en el tiempo, la drakaina encontró a un caballero de armadura un poco oxidada que se había jubilado. Era un caballero distinto al resto. No le interesaban las justas, ni gloria o el dinero. Él prefería su pequeño hogar de piedra, sus colegas, su alcohol y cartas. Hacía mucho que había olvidado lo que eran las princesas. Es que no las entendía. No entendía los amores efímeros, esas músicas que bailaban o sus rosas brillantes. Es que el amor ya no era lo de antes. La drakaina lo sabía muy bien. Solo que su corazón gigante ya no latía como antes.
Lo observaba, desde lejos. Muy de a poco se acercaba por curiosidad, hacía siglos que no veía un caballero así. Entonces llegaron las fiestas del pueblo. Había juglares en cada esquina, música por doquier. Los pueblerinos se caían de la borrachera. Ese día, ella decidió que era un buen momento a vestir de mujer. Hacía tiempo que no usaba su apariencia humana y la extrañaba. Bailó por las calles; y tras un hidalgo de ron o algo parecido juntó coraje para acercarse a ese hombre que solo se reía de sus ocurrencias como si ella fuera solo una muñeca exótica que no pertenecía a esas tierras. Él hizo uso de su educación y la llevó del brazo por las calles. Incluso hasta dejó que uno de sus besos violáceos quedaran marcados en su mejilla. Aún así, marcó distancia, y muy educadamente se negó cuando ella se paró de puntillas para besarlo. ¡Vaya sorpresa para la drakaina! Es que las hijas del fuego no suelen ser rechazadas por los mortales. Como no podía mostrar ni una gota de su asombro, sonrió y siguió bailando y caminando a su lado.
Desde esa noche, la drakaina, totalmente intrigada por este ser humano fuera de lo común, se acerca a él para observarle. Ella tampoco entiende mucho por qué le llama la atención. Pero eso no evita que tenga el deseo de estudiarle, como si fuera un nuevo muñeco de colección...

Fuente

- No soy un caballero, y te garantizo que hay gente que se acerca a mí en ciertos aspectos, y alguno habrá como yo. - Le dijo una noche.
Es que si no fueran caballeros, yo no sería una drakaina, no sería el medioevo, pensó sonriendo antes de contestarle: - Es pura ficción. Siempre son caballeros.


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