domingo, 5 de julio de 2015

This Girl is on Fire

Con el sudor corriendo por mi frente y la noche resplandeciendo en mis ojos comencé a notarlo. Como una sensación de felicidad mezclada con satisfacción. En ese momento no podía definir exactamente que era. Al día siguiente la misma sensación. Sumado al cansancio que sentía en mi cuerpo y el sol que ardía en mi piel. Se sentía bien, como cuando sabes que estas haciendo lo correcto. Como esos besos que cuando los das sentís que los llevabas esperando toda una vida. Seguí corriendo. En algunos momentos a penas podía respirar y debía aminorar la marcha o iba a morir.
Entonces me dí cuenta de que me llevaba bien con mi soledad. Nos habíamos amigado. Ya no era un cargo, sino que ahora me impulsaba, me daba las fuerzas que necesitaba para lo que fuera. Un poco más pensé, y atravesé el parque corriendo. Me quedé prácticamente sin aire. Seguí caminando para no parar, aunque sentía que de golpe mis piernas pesaban el doble de lo habitual. Pero yo sabía que tenía que seguir, como otras tantas veces que creí que no iba a poder seguir, que pensé que me quedaba sin aire, sin vida. Pero sabía que podía seguir. Después de tantos golpes, salir a correr no tendría porque ser mas difícil.
Empecé a tratar de pensar si podría tener el control de mi vida, si realmente eso existía. Porque es imposible controlar todo. Hay tantos factores externos, que se transforma en algo imposible. Iba trotando por una subida. Parecía infinita. Hay cosas que son imposibles de controlar como las irregularidades del terreno. Pero intentar controlarlo es un reto. Si no nos reta, no nos excita. Si no nos excita no perdemos el control. Y si no perdemos el control la vida se vuelve monótona y sin sentido. Un gran juego de poderes que nos obsesiona y que no podemos dejar. Sabemos que el control total es imposible, pero la esperanza de que nuestras vidas no son solo el fruto de ecuaciones universales nos hace sentir mas libres.

...

El tren iba casi vacío. Agradecía tener puestas las gafas porque de a momentos se me escapaba alguna que otra lágrima. Mi soledad no era siempre mi amiga. En ese momento lloraba a gritos adentro mío y yo solo podía permitirle salir algunas gotas. Muchas veces no sabes que te estas despidiendo hasta que ya estas sola. Otras simplemente las disfrazan. A veces me gustaría ser fría, pero me resulta casi imposible. Es como si todo el tiempo hubiera fuego adentro mío. Un fuego que me abraza y que sólo quiere salir. Es casi masoquista, pero el ardor del sentimiento adentro es exquisito. Me hace sentir viva. Reconozco el fuego que empieza suave, cálido. Despacio y sin apuros empieza a consumir todo lo que encuentra a su paso. Se vuelve poderoso y toma el control de todo. Domina todo a su paso. Deja su rastro de cenizas por todo el lugar donde a estado.
Y explota. La tristeza infinita que creía haber vencido. El fuego la libera y sale descontrolada. Te preguntarás porque estoy triste, lo sé. Estoy triste por mí. Estoy triste porque no seguí mi fuego, porque lo extinguí queriendo tener el control. ¡SOY FUEGO! Un fuego de arrasa, que no deja nada como estaba antes de pasar.
Las lágrimas se trasformaron en cataratas. Un hueco en mi pecho. Sentía como mi corazón ardía. Explotaban todos los secretos guardados, la vergüenza, el dolor. El duelo que no quería llorar se me escapaba y bailaba frente a mis narices. No se puede controlar al fuego. No se puede controlar la vida. No se puede tener el control de nada. Sólo se puede bailar entre las brazas ardientes, recordando que estamos donde estamos porque es allí donde queremos estar. Que si nos dejamos consumir por el fuego, nos purifica, nos limpia; y salimos hermosos y triunfantes como un ave fénix que renace en la eterna oscuridad de la noche.


Gracias a Mariela, Euge, Tefy y Adri que soportaron mis delirios filosóficos por whatsapp.
/* cookies */