sábado, 25 de julio de 2015

Mariposas Sedadas | Diarios de una Drakaina

Las cosas nunca fueron en su vida como ella esperaba. Había viajado con la esperanza de que cierta persona entendiera cuanto le amaba, contando los días para ese reencuentro, pero todo se convirtió en ruptura desastrosa. Desde que recordaba, nunca nada fue como ella se lo imaginaba. Muchas veces mejor, otras peor. Pero había aprendido, que cada vez que imaginaba situaciones idílicas, todo se quebraba en mil pedazos, como si hubiera un poder maligno en su mente preparado para destrozar cada cosa buena que ella anhelaba.
Quizás, lloraba demasiado seguido, como que sentía demasiado. Así también, cuando sonreía, lo hacía desde el recoveco mas profundo de su alma. Ella no podía evitar SER, no podía dejar se sentir. El sólo hecho de pensar en hacerlo la horrorizaba. Pues, ¿qué sentido tendría la vida sin sentir? Con lo sensacional que es sentir el sol tibio en el rostro una mañana de otoño, o la liviandad de dejar caer todas las murallas frente al abrazo apropiado.
Por eso, decidió sedar sus mariposas. No pensaba dejar de sentir, sólo iba a tratar de disimularlo, para que no se rompiera como un cristal en mil pedazos...


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