domingo, 12 de noviembre de 2017

Deseo | Diarios de una Drakaina

Húmedo. Caliente...

Demoró más de lo normal en aceptar que el mundo se movía por el deseo, y que el dinero era la moneda de cambio la mayoría de las veces. En el mundo de los hombres, ella no era más que una plebeya. Aunque en el suyo, con sus habilidades, era de las criaturas más poderosas que existían.

Imaginó, fantaseó con que sucedía; principalmente con quién.

El deseo lo movía todo. La comodidad, la necesidad constante de nuevas posesiones, la sed de conocimientos; incluso el amor y el arte. Todo empieza por un caballo desenfrenado llamado deseo. Todo comienza en ese momento, con el corazón latiendo más rápido, y nuestra mente empezando a desarrollar todo tipo de planes para cumplir esas ansias. La drakaina lo estaba viviendo. El problema es que no le resultaba fácil controlar la sangre de dragón hirviendo por sus venas.

Sus manos se movían a un ritmo perfecto. ¿Cómo no iban a hacerlo si se deslizaban sobre su propio cuerpo?

Cuando se trata de dragones y drakainas, el deseo es un paso casi inexistente. Para estas criaturas, cualquier cosa (o persona incluso) que quisieran, era posesión al momento. Nada hace esperar a los hijos del fuego; nada ni nadie. Es por esto que vivir entre humanos era todo un desafío para ella. Si quería sobrevivir, debía aprender a vivir del deseo como todos ellos. El deseo como motor de cada día. El deseo que nunca termina.

Sentía como comenzaba a arder. Cómo se liberaba.

La drakaina era casi humana la mayor parte del tiempo. Pero cuando estaba sola dejaba salir todo su fuego. Su antecesora Melusina lo hacía los sábados, ella los domingos. Deambulaba libre de todas sus ataduras mundanas, y dejaba que su piel rozara el aire que la rodeaba. A cada paso dejaba su huella, quemada en el suelo; como tatuajes en la tierra, llenos de poder y determinación.

Su respiración se detuvo. Dejó escapar un pequeño gemido. Su cuerpo totalmente en tensión, se relajó y se dejó vencer por la nueva calma.

Desnuda frente al espejo se sonrió. La drakaina había entendido como funcionaba todo. Sus deseos; desde los más superfluos a los más profundos y escondidos; le daban poder entre los humanos. Sabía como usarlo. La mayoría no pueden conseguir lo que anhela porque se ahoga en llantos y lamentos. No era su caso. Viviría como una mujer normal pero no lo era. No había vuelto para ser una pueblerina mediocre. Había vuelto para conquistarlo todo; y lo haría. 

Pero todo...¿qué es todo? No puedo contarles todo lo que desea la drakaina, perdería su misterio. ¿Y qué es de un ser fantástico sin su misterio? Nada.



-¿Cuál es tu vocación?
...
-¡Entonces eres una artista!


domingo, 5 de noviembre de 2017

El Regreso | Diarios de una Drakaina

Tras un breve pero largo exilio, a una de las grandes ciudades de ese medioevo mágico en el que vivía; la drakaina decidió regresar. Había escapado de sus problemas, creyendo que escondida entre el hedor a humanidad y las eternas borracheras que ofrecía la ciudad, podría olvidar.

- Todo lo que has vivido te hace la mujer que eres hoy...
Esas fueron las palabras de su amiga vidente. Aún viviendo en dimensiones diferentes, buscaban la manera de comunicarse y confortarse el alma la una a la otra. Muchas veces este, era su único contacto con la humanidad. Aún mezclada entre ellos, trabajando como uno más, era como si no estuviera allí. Estaba sonriendo y danzando como siempre, pero era más ausencia que realidad.

Fue entonces que decidió regresar. Se miró al espejo, pudo ver que aún había fuego en su mirada; y una vez más se armó de voluntad para volver a elegir, para volver a tomar las riendas de su incierto destino. ¿Por qué allí, cuando podría tener el mundo a sus pies? Porque esas calles, desde la primera vez que las caminó, se sintió como hogar

Si quería regresar y pasar por uno más, debía hacer todo con el tiempo humano. Negociar como ellos, ir de a poco. Cada semana viajaba, de la ciudad al pueblo para cumplir con su objetivo. Se volvía a mezclar entre sus habitantes, se reencontraba con amistades que había forjado antes de escapar. Si bien vestía su forma humana, no quería volver a perder su esencia, así que dejó pequeños detalles casi imperceptibles a una mirada no mágica. Si cualquier ser carente de magia posaba sin querer sus ojos en ella, podía ver como un fuego rosa, que la rodeaba como un aura, se desprendía de su piel. Si el sol se posaba sobre su cuerpo, también podía verse el reflejo de sus escamas, principalmente en su cuello. Pero nada de esto duraba más de un segundo. Ella se limitaba a sonreírte, y tú creías que era sólo producto de tu imaginación.

La drakaina no era el único ser mágico en el pueblo. Ellos se conocían, pero no se detectaban. Había confianza entre ellos. Siempre buscando la manera de hacerse sonreír. Quizá por esto es que no lograban descubrir la magia del otro, simplemente porque se mezclaban transformándose en una sola, sin siquiera ellos saberlo.

Él era un hechicero. Mitad humano, mitad demonio. A primera vista un humano medio orco de modales poco católicos. Para ella, ese amigo con el que no podía parar de reír ni un minuto.

En una de sus visitas, las cosas cambiaron. La drakaina no quería enamorarse, pero esa noche no pudo ser fría. El simplemente estaba encantador. Simplemente no podía pensar. Fue la primera vez que logró fluir. Él la tomó por la cintura y la besó. Fue automático. La magia de ambos se desató, el tiempo se detuvo por completo. La música enmudeció. Se miraron a los ojos y pudieron ver su esencia. Ella desvistió su forma humana y abrió sus alas. El se liberó de sus ataduras mortales y le mostró su forma demoníaca; y en medio de un rugido la volvió a besar.

- Soy raro.
- Yo también...

Y así es como esta nueva historia comenzó.


viernes, 19 de mayo de 2017

Nervios, maldita ansiedad!

Hoy estoy nerviosa.
Siento demasiadas cosas fuera de mi control.
Necesito llegar a casa y esconderme en la cama.
Hoy está siendo complicado, mi mente se quiere ir... y me está costando concentrarme.

S.O.S.

domingo, 14 de mayo de 2017

¿Por qué me borré de todo?

Hay cosas que no cooperan con la ansiedad. Las Redes Sociales son una de ellas. Aunque se permita bloquear a una persona, Facebook e Instagram no lo hacen del todo bien. ¿Tanto les cuesta a los jodidos poner 4 comentarios en vez de 5, cuando el quinto es de quién no querés saber nada?
Ya con el cerebro frito, y cayendo en la misma idiotez de no seguir con mi vida cómo a quién bloqueé; tomé la decisión que creo más acertada. Me borré de todo; de Facebook, de Instagram, de Twitter. Me molesta, porque a tantos kilómetros, era la única manera que tenía de seguir en contacto con algunas personas... pero mi salud mental está primero.

Este blog empezó de una manera muy distinta. En ese momento trataba de controlar mi ansiedad con distracciones, maquillajes, ropa, vídeos. Hoy estoy aquí, escribiendo a la nada, y al mismo tiempo a todo el mundo, lo que me pasa: Soy Mauge, no sé manejar mi ansiedad. Y esto es lo que Mauge Te Cuenta va a comenzar a ser. Nada más que yo, mano a mano con mis problemas y mis frustraciones.
Desde ayer, no más Redes Sociales hasta próximo aviso. A lo sumo, si me animo volveré a Twitter que es el menos nocivo. Pero ahora mismo nada. Tengo que centrarme en mí, y en mi casa.


martes, 8 de noviembre de 2016

Conocer a Alguien

"Realmente conocer a alguien es otra cosa. Es una cosa completamente diferente. Y cuando ocurra, no serás capaz de perdértelo. Serás consciente. Y no lo pasarás mal ni tendrás miedo. "
Adam - Girls

 

sábado, 5 de diciembre de 2015

Ahí Estaré

¡Qué fácil es declarar la guerra y qué difícil declarar el amor! Que difícil es permanecer a la espera cuando mi primer instinto es correr tras lo que late mi corazón. Quisiera calmar tu melancolía, drenarla, hacerla desaparecer. Entender el por qué de esa mirada triste que me rehuye, espantar todos tus dolores...
Porque este amor es inefable, sempiterno... Y lo único que quiero es verte sonreír, verte feliz!



martes, 10 de noviembre de 2015

Sr. Topo

Corría. Necesitaba encontrarla. Cuando vio sus escamas, ella se escapó de él como si fuera el mismísimo demonio. Hacía ya tiempo que la había perdido de vista pero sabía que tenía que ir en esa dirección. Todo en el bosque estaba a oscuras. A lo lejos podía escuchar a los osos. Mientras más se adentraba en la espesura, más nítido se hacía el único punto de luz hacía el que corría. Su respiración se volvía cada vez mas agitada mientras tropezaba con las raíces y los tupidos árboles le golpeaban. Parecía que nunca iba a encontrarla, aunque la luz era cada vez más poderosa. Entonces llegó a la cueva. Lo de adentro, de dónde salía la luz, parecía un torbellino rosa muy brillante. Era tan fuerte la luz, que se veía obligado a taparse la vista. Apenas podía divisar, entrecerrando sus ojos, como pequeñas hojas entre rosa y violeta brillante, flotaban en el aire. Estiró su brazo, y dejó que una de ellas se posara en su mano. Era una escama, como las que había visto en su cuello al besarla. Entonces reaccionó: ella estaba allí dentro. Sea lo que fuere que le estuviera sucediendo, él debía estar con ella. Comenzó a acercarse rápidamente, casi a ciegas, a la cueva. Y cuando puso el primer pie adentro todo se apagó. Un silencio absoluto sumió al bosque entero. De pronto, un chasquido rompió el dramático mutismo y mágicamente se encendió una antorcha contra la pared. Allí la vio. Tumbada en el suelo, desmayada. Corrió a tomarla entre sus brazos y comenzó a besarla como si fuera la primera y la última vez  al mismo tiempo. Ella abrió los ojos y estrechó fuertemente contra sí a ese hombre que la miraba en esos ojos color caramelo. Nunca había estado más feliz. Esa maldición que llevaba sobre sí, que la había vuelto una furiosa drakaina se había roto. Ahora sólo era una mujer, una mujer enamorada de su querido topo...

...

Estaba parada al borde de ese antiguo castillo. Se abrazó a si misma, y totalmente reconfortada, suspiró sabiendo que había vuelto a ser humana; mientras miraba al horizonte recordando como había comenzado todo.
Él era un constructor. No entendía como a alguien podía gustarle construir y medir cosas con lo divertido que era destruirlas y verlas arder. Tras una larga espera, se había plantado ante él y le dio el primer beso. Sonrió al recordarlo mientras acariciaba sus labios con su mano. Para ese entonces, ella ya sabía que él había caído en sus garras, pero también que ella había caído en las de él. Siempre la contemplaba con esa mirada tan cálida que la había hecho derretirse desde el primer día. Él era muy dulce y la besaba como si ella fuera lo más hermoso del mundo. Es que así es como él todo lo hacía: ni un solo beso que saliera de sus labios y que reposa en ella la hacía sentir distinto. Todos, llevaban el sello de que ella para él, era única. Y él lo era también para ella. No era un caballero ni un dragón. Era sólo un hombre, un topo. Él era un constructor; un guapo hombre trabajador, que había decidido que ella, humana o no, formara parte de su vida; y eso, era más que suficiente. Eso en realidad, lo era todo.


PH: VRSTKO

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